Carnaval Arica 2026

Volver a Arica

Volver a Arica después de más de diez años fue como despertar a un recuerdo dormido, un instante suspendido entre la memoria y el presente. La ciudad del extremo norte, con su luz intensa y su brisa del Pacífico, me recibió con un abrazo de colores y ritmos que parecían flotar en el aire, flotando entre los pasos de los bailarines y las notas de las bandas. Fotografiar este carnaval no fue solo registrar imágenes: fue intentar capturar la energía que se respira, ese aura que envuelve a cada participante, a cada espectador, y que se siente, casi tangible, en el corazón mismo de la fiesta.
El Carnaval de Arica 2026 es mucho más que un desfile; es una celebración de la diversidad, de la historia compartida y del orgullo regional. La mezcla cultural que se despliega ante los ojos es impresionante: hay ecos de la tradición boliviana, matices de lo peruano, vibraciones chilenas y el legado de las comunidades afrodescendientes. Pero la sorpresa no termina allí: el Carnaval abre sus brazos a lo inesperado, y este año la danza Rapanui y una representación argentina encontraron su lugar entre comparsas, formando un mosaico de expresiones que, lejos de chocar, dialogan en armonía.

Lo que más me impactó, además de la belleza visual, fue la organización impecable. Cada detalle estaba cuidado, cada espacio pensado, y la cooperación de la gente hacía que todo fluyera sin esfuerzo. Entre competencia y celebración, los bailarines mostraban su arte con intensidad, pero sin que los posibles “lados B” empañaran la experiencia: predominaba la alegría, la camaradería y la entrega al espectáculo. Cada paso de baile, cada sonrisa y cada trompeta parecía decir que el Carnaval no es solo una fiesta, sino un espacio de encuentro, de pertenencia y de pura energía positiva.

Fotografiarlo fue un ejercicio de presencia: había que dejarse llevar por la música, por los colores, por el ritmo de los pies y los corazones. Las imágenes se mezclaban con los sonidos y con la emoción de volver a mi tierra del norte después de tanto tiempo. Y en medio de esa experiencia, entendí que el Carnaval de Arica no es solo un evento; es un testimonio vivo de identidad, de diversidad y de la capacidad humana de celebrar la vida con alegría desbordante.

Regresar a Arica, después de tanto tiempo, fue más que una visita: fue un encuentro con la esencia del norte, un viaje a la emoción pura y una experiencia que, como fotógrafo y como testigo, se quedará para siempre en la memoria. Aprieta aqui para seguir viendo…

Fotografías

Fotografías de Matías Castillo, fotógrafo chileno de la ciudad de Iquique.